Francisco de Quevedo definía el amor, en un poema suyo, de la siguiente forma:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Y es que, el amor ha sido fuente de inspiración para muchos artistas, pero ¿Es el amor una idea abstracta o detrás de él hay una explicación científica?

Como seres vivos que somos, buscamos perpetuar nuestra especie. Por tanto, buscamos una pareja que nos asegure esa descendencia, es más, me atrevería a decir que buscamos a nuestra pareja de una forma tal, que dote a nuestros hijos  con unas características que los “mejore”, que haga que se adapten mejor  al medio en el que vivirán. De ahí, que las características en las que más nos fijamos sean, por ejemplo,  la inteligencia, la constitución física o la belleza.

Dejando a un lado el punto de vista antropológico, el amor, como cualquier otra emoción, está regulado por factores endocrinos. Algunos de los factores que tienen un papel en el amor romántico y el apego son: la oxitocina, vasopresina, dopamina, serotonina, noradrenalina y la testosterona. Todas juntas forman “El cóctel del amor”.

Cuando nos enamoramos, aumentan los niveles de dopamina y noradrenalina. Estos neurotransmisores, que pertenecen a la familia de las catecolaminas, juegan un papel importante en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y el placer. Es por eso, que focalizamos nuestra atención en la persona amada. Además, la noradrenalina, como hormona del estrés que es, aumenta el ritmo cardíaco, de ahí que se nos acelere el corazón cuando vemos a nuestro/a enamorado/a.

Por otro lado, se produce una disminución de la serotonina, una monoamina neurotransmisora derivada del triptófano, que está implicada en los vínculos de pareja y en el amor. Además se sabe que participa en trastornos psiquiátricos, incluyendo el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la depresión y el trastorno de la ansiedad. De hecho, las primeras etapas del enamoramiento muestran cierto grado de similitud con el TOC, incluyendo síntomas de ansiedad, estrés y pensamiento obsesivo, es decir, nos pasamos el día pensando en esa persona, debido a esa disminución de serotonina.

Otra hormona que tiene un papel importante es la testosterona, una hormona esteroidea que es secretada por los testículos, en los hombres, y por los ovarios, en las mujeres, y que está implicada en varias funciones, incluyendo el desarrollo del sistema reproductor masculino y los caracteres sexuales secundarios. La testosterona es un “afrodisíaco” natural, ya que incrementa el deseo sexual. La serotonina, la noradrenalina y la dopamina estimula la producción de testosterona, y es por eso que cuando nos enamoramos también deseamos a esa persona.

Tras este primer coctel de hormonas, el “sex on the beach” bioquímico (porque es dulce y empacha), entran en juego otras dos hormonas: la oxitocina y la vasopresina, que son dos neuropéptidos muy similares estructuralmente.

La oxitocina  está implicada en las contracciones musculares durante el parto y en la estimulación del pezón por la succión del bebé, facilitando la lactancia. También tiene efectos ansiolíticos, antinocirreceptivos (contra la sensación de dolor)  y es capaz de reducir el estrés. Además de esto, se conoce la oxitocina como “la hormona de la confianza”, ya que se ha visto, que los individuos que segregan más oxitocina son más extrovertidos. La vasopresina, por otro lado, es liberada en respuesta a en respuesta a cambios en la osmolaridad sérica o en el volumen sanguíneo, incrementando la resistenciavascular periférica y a su vez la presión arterial.

Ambas hormonas se segregan y recorren nuestro cuerpo durante el orgasmo, lo que nos permite establecer vínculos de apego y responsabilidad con nuestra pareja. También se ha visto que están implicadas en las relaciones filiales.

A grandes rasgos, y como diría Porky, “eso es todo amigos”. Si algún espíritu inquieto se ha quedado con ganas de más, en PubMed, base de datos perteneciente al NCBI, puede encontrar el artículo “LOVE IS MORE THAN JUST A KISS: A NEUROBIOLOGICAL PERSPECTIVE ON LOVE AND AFFECTION”, que es donde me he basado para esta entrada. Para los más vaguetes, podéis echarle un ojo a este capítulo del programa Redes.

Como conclusión podemos decir que los seres vivos, en general, y los seres humanos en particular, somos pura química.

María del Pilar Martínez.